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En esta circunstancia que estamos viviendo, en la que los colegios están cerrados, y tenemos la posibilidad de pasar mucho más tiempo con nuestros hijos, quisiera invitaros a leer uno de los libros sobre crianza que más me ha conmovido.

Nos invita a reflexionar sobre temas tan importantes como son el lugar que ocupan los niños en nuestra sociedad, o la necesidad real de la existencia de instituciones educativas.

Aquí os dejo la sinopsis de la contraportada:

En “CRECER SIN ESCUELA” Dos madres que no han escolarizado a sus hijos cuentan sus experiencias. Es un relato muy personal y honesto que cuenta cómo empezaron a abrirse a esta posibilidad, cómo lo han hecho en la práctica del día a día, las dificultades y las alegrías, lo que han aprendido gracias a esto sobre el aprendizaje de los niños y también sobre cómo nosotros los adultos seguimos aprendiendo toda la vida. Ahora, cuando sus hijos son adultos, reflexionan sobre el proceso y el resultado.

El libro cuestiona la fe absoluta que nuestra sociedad tiene en la institución escolar. “Hay que comer y beber para poder vivir, y hay que ir a la escuela para aprender”.

Esperamos que este libro pueda servir de inspiración a los padres y madres que están interesados en no escolarizar a sus hijos, pero también que sea de interés para la educación en general: padres y madres, maestros, pedagogos, psicólogos, políticos, etc. Hay crisis en la escuela, nadie puede negarlo, con mucho fracaso escolar, mucho malestar, vandalismo, desánimo en general. En este libro mostramos que es posible para los niños y niñas crecer sin ir a la escuela sin tener apenas instrucciones de tipo escolar, y más tarde incorporarse en formaciones o trabajos que les interesen. Si esto es posible, ¿por qué entonces sacar a tantos peques de la cama temprano llorando, forzarles a estar sentados, quietos y en silencio, obligarlos a pasar horas con deberes, a sentirse fracasados por las malas notas, etc.? ¿Por qué tanto sufrimiento cuando no es necesario nada de esto? ¿No podríamos crear otros ambientes y otras posibilidades para los niños, más en armonía con su naturaleza y para su bienestar? ¿Podrían los maestros tener trabajos más relajados y satisfactorios enseñando solamente a aquellos que quieren aprender, niños y adultos juntos?

¿Y tu que piensas?

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