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Entrevista a María José Garrido, Doctora en Antropología, con especialización en Etnopediatría y Antropología de la Maternidad y la Infancia. Autora del libro Etnopediatría: Infancia, biología y cultura. 

¿Qué es la etnopediatría?

La etnopediatría es una ciencia joven que estudia las diferentes formas de crianza infantil en el mundo, y cómo afectan al desarrollo infantil y a la salud, no sólo de los niños, sino de los adultos, así como las consecuencias de la forma de criar a los niños en las características de los distintos grupos humanos, por ejemplo en el grado de violencia de las sociedades.

La etnopediatría analiza todos los ámbitos relacionados con la maternidad y la infancia: el embarazo, parto, lactancia y alimentación infantil, contacto físico y atención en el sueño y el llanto.

El modelo de crianza occidental es uno de los que más se enfrenta a las necesidades físicas y emocionales de los niños de nuestra especie, como veremos.

El proceso natural del parto

Uno de los rasgos que definen nuestra cultura es la medicalización de los procesos vitales, como el embarazo, parto o menopausia. El parto en las sociedades contemporáneas industrializadas tiene un alto grado de intervencionismo médico, muy por encima de las recomendaciones de instituciones internacionales. Desde los años 80 la OMS recomienda que el proceso de parto normal, aquel que no tiene ningún riesgo ni complicación, se desarrolle de la forma más respetuosa posible con la fisiología del parto, que se intervenga lo menos posible en su proceso. Por eso todas las recomendaciones desde entonces advierten de que el índice de episiotomías debe ser muy bajo, así como las cesáreas. Interferir en el proceso natural del parto, en las hormonas que gobiernan el cuerpo tiene consecuencias fundamentales: en primer lugar se paraliza el escenario neuroquímico especial que se produce y que está diseñado para que sea lo menos doloroso posible y lo más efectivo para el bebé y la madre, pero además, cada manipulación en el parto exige nuevas intervenciones que van siendo más y más invasivas, terminando en fórceps o cesárea, en muchos casos.

En 2018 la OMS incluso especifica la necesidad de que sea la madre la que decida cómo controlar el dolor y rechazar intervenciones médicas innecesarias. De esta forma pretende favorecer el protagonismo de la madre en el parto. También el informe de la ONU de 2019 ha demostrado que la violencia obstétrica es una de las formas de desigualdad estructural y discriminación ejercida por el patriarcado.

Alterar el parto de forma innecesaria tiene consecuencias en el bebé y también en la madre, en el alto porcentaje de estrés postraumático postparto, en la depresión, ansiedad y malestar generalizado que presentan muchas mujeres en la etapa perinatal (desde el embarazo hasta el primer año del bebé).

¿Cuáles son las necesidades reales de un bebé?

El bebé humano biológicamente ha cambiado muy poco desde hace millones de años, desde la bipedestación, que nos hizo caminar erguidos, modificando la pelvis humana, y desde el proceso de encefalización que nos hizo triplicar el tamaño de nuestro cerebro. El bebé en nuestra especie desde el inicio de la humanidad en todas partes del mundo ha necesitado lo mismo. Sus necesidades físicas y emocionales para un desarrollo adecuado son las mismas que en el Pleistoceno:

.- Respetar su necesidad de exterogestación (gestación fuera del útero). Somos la especie altricia con el cerebro más grande de todos los primates. Debido a la vulnerabilidad y prematuridad en los bebés humanos, ya que nacen antes de tiempo, con un desarrollo cerebral de un 25% aproximadamente, es necesario para su adecuado desarrollo que tengan una situación durante el primer año, lo más similar a la que tenían dentro del útero, o sea, mucho contacto físico, proximidad con su figura de apego, lactancia materna a demanda. Los bebés humanos, por razones biológicas, son muy dependientes y necesitan atención continua durante el primer año.

.- Lactancia a demanda, preferentemente lactancia materna. Por motivos no sólo nutritivos e inmunológicos: la leche materna contiene nutrientes, bacterias, hormonas, anticuerpos, enzimas, células inmunológicas e inmunoglobinas. Es el alimento diseñado específicamente para el bebé en nuestra especie. Cambia en función de las necesidades del bebé, de si está enfermo, de si necesita una dosis extra de inmunidad porque esté en contacto con bacterias o virus (por ejemplo al ir a la guardería). Además, es el escenario ideal para que se desarrolle el apego, que es necesario para la supervivencia de nuestra especie, porque la lactancia requiere contacto físico. Hay investigaciones que han demostrado que la lactancia materna, así mismo, protege a madres y bebés de sufrir depresión postparto, al disminuir el estrés tóxico temprano, y también tiene un claro efecto en la prevención de muerte súbita, aunque no sea lactancia materna en exclusiva. Es importante que tengamos en cuenta que la lactancia, aunque no sea materna, debe siempre ser a demanda del bebé y realizarse igual que dando el pecho: mirando a los ojos al bebé y en contacto con nuestro cuerpo.

.- Contacto físico y vinculación. Los bebés necesitan contacto físico para establecer un apego adecuado. Es una necesidad física y emocional básica del ser humano. Sus beneficios son enormes y afectan a todas las áreas: física, cognitiva y emocional. El contacto físico afecta al desarrollo psicológico, neurológico y biológico del bebé. Es fundamental para que se produzca un apego adecuado, que es de naturaleza adaptativa y, por tanto, ha sido necesario para la supervivencia de nuestra especie a lo largo de milenios. Somos animales sociales porque eso nos ha permitido sobrevivir. El apego, por ejemplo, influye en zonas específicas cerebrales, como el sistema límbico, que es esencial en la gestión de emociones, en el aprendizaje, en la memoria o en la capacidad de adaptación. Un vínculo inadecuado predispone a sufrir alteraciones de la personalidad y trastornos mentales. Madre y bebé, los primeros meses de vida conforman una unidad neurofisiológica y regulan mutuamente sus funciones vitales: la temperatura, constantes vitales, funciones metabólicas y cardiorrespiratorias, por eso es tan necesario respetar la exterogestación, ya que el contacto físico afecta directamente al neurodesarrollo, al sistema inmunitario y al metabolismo, con consecuencias para toda la vida.

.- Sueño infantil. Es un proceso de maduración instintivo que no puede enseñarse ni aprenderse. Dormir es una necesidad vital que traemos de fábrica. Los bebés dentro del útero duermen y después de nacer duermen exactamente lo que necesitan, en cortos intervalos para favorecer la lactancia materna y prevenir hipoglucemias. El sueño infantil va cambiando en función de las necesidades del bebé y de su maduración neurológica, pasando diferentes etapas, con funciones distintas, que no debemos forzar. Los bebés y los niños duermen lo que necesitan, el problema que en nuestra sociedad no coincide con lo que se exige a los adultos.

Por otro lado, habría que plantearse qué es sueño normal, porque depende del lugar del mundo dormir del tirón toda la noche no se considera normal. En África, en algunas culturas no tienen ninguna palabra para “insomnio” porque nadie pretende dormir toda la noche. Asumen los despertares como algo normal (tanto entre adultos como entre niños). También depende de cómo se concibe el sueño, como algo público y social, o privado. Dormir en compañía, en algunas culturas, es una forma de integrar al bebé en el grupo, en la familia, frente al concepto occidental de sueño individual y de independencia. No olvidemos que el sueño de los bebés en soledad es algo muy reciente en la historia de la humanidad, hasta hace 200 años las casas no tenían varias habitaciones y toda la familia dormía en la misma estancia. Incluso en la actualidad en la mayor parte del mundo se duerme en compañía (Occidente es sólo una cuarta parte del mundo, somos minoría).

.- Atención en el llanto. El llanto es una forma de comunicación, que nos informa de que algo no está bien y debe modificarse. Un bebé siempre llora por un motivo, sea hambre, sueño, dolor, cansancio o miedo. Los bebés humanos están diseñados para llorar si sienten que están solos porque es peligroso. A lo largo de la humanidad un bebé solo era un bebé que no sobrevivía, los genes que se han ido seleccionando son los de los bebés llorones, que eran los que sobrevivían, dada la prematuridad y vulnerabilidad de nuestra especie. El llanto es, por tanto, un mecanismo biológico de regulación que requiere una respuesta por parte de los adultos. Es una estrategia seleccionada por la evolución de la especie por ser adaptativa. Además, los bebés no pueden manipular con su llanto, ya que hasta los 6 años no termina la mielinización del cerebro, la maduración de la corteza cerebral, encargada del área racional. Hasta entonces los niños están en una dimensión emocional dirigida por el sistema límbico del cerebro. Los bebés no manipulan, nos informan de que algo no es adecuado para que lo corrijamos.

En otras culturas no se considera normal ni adecuado que un bebé llore. En África, entre muchos grupos humanos, los bebés prácticamente no lloran y los adultos responden rápidamente si esto sucede. El estrés que sufre un bebé al dejarlo llorar es nocivo para su desarrollo por la gran cantidad de cortisol que segrega su cerebro, que es un inhibidor del desarrollo neural, un neurotóxico. Hay investigaciones que han demostrado que el estrés y la adversidad durante el primer año de vida tiene un efecto en la futura salud física y mental.

¿Cuáles son las consecuencias de no satisfacer las necesidades del bebé humano?

Las conclusiones de la etnopediatría coinciden con las investigaciones de los últimos años sobre neurociencias, neurobiología, epigenética y psicología perinatal: los primeros años de vida son fundamentales. La salud y el desarrollo neurológico, físico y emocional están condicionados por las experiencias, por el tipo de apego y por la forma de crianza. El 70 % de las enfermedades mentales comienzan en la infancia y adolescencia. La forma de criar tiene un efecto directo sobre la salud y las enfermedades. Los trastornos y enfermedades exclusivos de las sociedades industrializadas, postindustriales o contemporáneas, como queramos llamarlas, así lo demuestran. Las carencias emocionales predisponen a sufrir problemas de salud física y mental para toda la vida. La forma de relacionarnos, el grado de violencia de las distintas sociedades, es consecuencia de la forma de crianza de los niños, como han demostrado investigaciones como la de James Prescott.

Estos trastornos y enfermedades de nuestra cultura son los trastornos de alimentación, como la anorexia, bulimia u obesidad en edades cada vez más tempranas. Estos problemas de alimentación tienen el mayor índice de mortalidad de todas las enfermedades mentales. Trastornos de comportamiento como el déficit de atención e hiperactividad, que afecta en el mundo a un 5,29 %. Los trastornos del espectro autista, que han aumentado un 78% en Estados Unidos en los últimos 10 años. La ansiedad y estrés crónico en niños, en España los datos oscilan entre un 8 y un 20%. El exceso de cortisol y vasopresina que produce el estrés y la ansiedad afecta al aprendizaje y al control de la agresividad. También existen un buen número de fobias específicas, que solo existen en nuestras sociedades, trastornos de integración sensorial y depresión en niños. Todas estas consecuencias de nuestra forma de vida las tratamos con medicación, cuyo efecto en organismos en desarrollo no se conoce todavía.

La infelicidad es más difícil de cuantificar, pero el porcentaje de suicidio, que es la segunda causa de muerte infantojuvenil, no deja lugar a dudas.

¿Cómo se retroalimentan nuestro modelo social y el modelo de crianza?

Cada sociedad transmite, a través de la forma de tratar a los niños, los valores que quiere fomentar o evitar. De la misma forma, en el modelo de crianza se puede comprobar la estructura de cualquier sociedad. En la actualidad en Occidente los valores, que vemos reflejados en la crianza, se basan en el modelo económico, social y político. Se incentiva la competitividad, la independencia, el individualismo y la propiedad privada; mientras en sociedades tradicionales lo que ha imperado (así como a lo largo de la evolución de nuestra especie) y ha favorecido la supervivencia han sido valores como la ayuda mutua, la reciprocidad, el grupo en lugar del individuo y la integración social.

El actual modelo de crianza imperante en nuestra sociedad, basado en la independencia, en el individualismo, en que el bebé duerma solo en su propio cuarto, en dejarlo llorar, en no cogerlo en brazos, en que cualquiera puede cuidar a un niño en lugar de la madre, está relacionado con el tipo de individuo que esta sociedad necesita. Este sistema económico, basado en el consumismo, requiere individuos en permanente carencia emocional, que intenten compensar sus carencias con cosas materiales, que es lo que les damos a los niños desde que nacen, sustituyendo la presencia, que es lo único que realmente necesitan, por objetos materiales. Así creamos perfectos consumidores en la edad adulta, justo lo que el sistema necesita.

La maternidad en la sociedad actual

Nuestra cultura también se caracteriza por la necesidad de controlarlo todo, sin embargo los procesos vitales, como la maternidad y la infancia necesitan todo lo contrario: respeto, no intervenir, no forzar, confianza y dejar que las cosas sucedan sin hacer nada. Lo opuesto a lo que nuestra sociedad pretende, a través de la medicalización y patologización de los procesos vitales.

Otro rasgo de nuestra sociedad es la invisibilidad de la maternidad y la infancia, ya que no producen nada tangible para el sistema. Como ejemplos, la lactancia materna es relegada a espacios dentro o al lado de baños públicos, los niños no son bienvenidos en todas partes y situaciones. Hay hoteles, restaurantes y celebraciones, como bodas o fiestas, que prohíben expresamente a los niños. Algo que sería impensable con otros colectivos sociales. Y nos parece normal. Somos probablemente la primera sociedad que reniega de su futuro, porque los niños son el futuro y la supervivencia de nuestra cultura.

La maternidad es la base de cualquier sociedad, el germen de todas las relaciones sociales. Por eso, cuidar y proteger la maternidad es la mejor forma de prevenir muchos problemas y enfermedades en el futuro, invirtiendo en una sociedad más saludable y unas relaciones menos violentas.

One Comment

  1. María Lastra

    Aunque son cosas que ya sabia me ha gustado recordarlas. Y es un poco nuevo, el relacionarlo con nuestra sociedad y lo que nos alejamos de ese modelo biológico de crianza.
    Buena idea tb este tema de hacer una entrevista y publicarla. 🙏

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